
Bruce Springsteen actuó este fin de semana en Barcelona en el Camp Nou.
Bruce Springsteen actuó este fin de semana en Barcelona en el Camp Nou.
Durante dos noches los privilegiados seguidores de el Boss que consiguieron entrada pudieron disfrutar de su música.
En el segundo recital demostró su más de la mitad del contenido de su repertorio fue distinto al del sábado. Tres horas más de rock con aditivos de soul y folk, complicidad con el público (75.000 personas, según la organización) y emociones de gran formato en la última cita europea del Magic tour. Y una contagiosa Rosalita en los bises.
Tenth avenue freeze-out, del disco Born to run, tuvo el honor de abrir la noche. Un inicio inesperado, con protagonismo para el saxo de Clarence Clemons, y que auguraba un recorrido con sopresas en las siguientes horas. Así fue, en particular en la primera mitad del recital.
MUCHOS CAMBIOS De las 12 primeras canciones, solo una, Radio nowhere, repetía en el Camp Nou. Esta vez no hubo espacio para Hungry heart, The river ni Brilliant disguise, sino para Prove it all night, Darkness on the edge of town y Spirit in the night. Springsteen siguió practicando catalán y auguró una "nit fantàstica" con la mejor compañía: "els meus amics", aseguró.
Entre las novedades del repertorio --seguido con algunas dificultades por parte de la audiencia que, como el sábado, se quejó de la calidad del sonido en algunos puntos del estadio--, cayeron enérgicas revisiones de Light of day y Working on the highway que prolongaron la tensión un poco más allá de la noche anterior. Y entraron en juego las peticiones. Tras hacer acopio de un buen número de pancartas de las primeras filas, entraron en escena Tougher than the rest y su cita vocal con Patti Scialfa. Por el mismo método cayó This hard land, a la que siguieron Youngstown y Murder incorporated.
De pronto, en el mar de brazos en alto frente al escenario, un cuerpo extraño: entre las pancartas con títulos de canciones, una era un indicador con pantalla electrónica, sostenido por un fan, en el que figuraban, con luces rojas, las palabras "I'm going down, down, down". Springsteen lo observó atónito. Por supuesto, la canción número 15 de la noche fue I'm goin' down.
Livin' in the future trajo su alusión política al recorte de los derechos civiles ("¡Hem de lluitar!") y en el bloque final no hubo sorpresas: The rising, Last to die, Long walk home y un dramático Badlands. La última tanda de regalos inesperados estaba por llegar. Abrió los bises Thunder road, una lamentada ausencia del guión del sábado. Luego, emparedando Born to run, un par de ases servidos en bandeja a los seguidores históricos: Detroit medley y Rosalita, dos rescates del Springsteen más lúdico de los años 70.
El estadio estaba tomado por ese ejército de salvación llamado E Street Band, que disparó las últimas salvas: Bobby Jean, American land y un Twist and shout con Springsteen listo para una pequeña confesión pública: "Este es un lugar especial para nosotros".